domingo, 21 de mayo de 2017

TEMER AL MAR. Poesía de Raúl Antonio Cota


Raúl Antonio Cota (La Paz, B.C.S., 15 de marzo de 1949)
Licenciado en educación media superior con especialidad en español, posee el grado de Maestro en ciencias de la educación. Ha ejercido la docencia en educación media superior, en licenciatura y en posgrado. Ha incursionado en la poesía, en la crónica, el ensayo, la novela, la reseña y el cuento, además de su labor ininterrumpida como docente, escritor y promotor cultural. Es autor de 11 libros de poemas (entre los que destacan: Temer al mar y otros poemas -1992-; De cetáceos y de bestias -1981-; De los viajes en general -1984- dos novelas (A toque de campanas -2000- y La niña, memorias de una adolescente -2005-). Ha obtenido el premio latinoamericano de poesía Colima, en 1984; el nacional de poesía “Tepic de Nervo”, en 1985 y el nacional de poesía “Ciudad de La Paz”, en 1990. Ha coordinado talleres de creación literaria desde 1980. Fundo y dirigió durante mas de dos décadas la revista de poesía “La cachora”; presidió la Asociación de Escritores Sudcalifornianos, formó parte del Consejo editorial de la revista “Tierra Adentro”, del CNCA y aparece en el Diccionario de Escritores Mexicanos, editado por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la U.N.A.M.






TEMER AL MAR

Para Ledo Ivo

I

Temer al mar
de pie ante sus grandes olas
ante el escape de sus dimensiones azules
con la mirada perdida
desde tierra firme
desde las dunas ballenáceas y nocturnas.

Temer al mar
y saber que el destierro no es angustia
y que el regreso niega la melancolía
desde los instantes que preceden toda recuperación
todo arribo final.

Temer al mar
y no confiar en nuestras venas arenosas
y ásperas que se aferran al tiempo.

Temer al mar
es negar la ballena blanca
—la otra—
la fantasmagórica, la inútil.
Es resistirnos al juego ingenuo
de la transmisión de nuestras miserias.

Es inútil, nosotros somos la ballena.

Creo que amanece
más la sábana blanca de su piel
cetácea
serenamente desnuda al pie
de los cantiles
provoca que amanezca.






II

Temer al mar
cuando la exactitud azul de la ballena
penetre en los recintos privados de las algas
y las ostras mas viscosas
corran agitando sus mandíbulas
hacia ninguna parte
porque el oscuro plasma de las aguas
amenace con irse
del bestiario humano
y dejar los continentes
flotando sobre el polvo
y los horizontes envejezcan
como las propias manos.

Temer al mar
cuando el crepúsculo interrogue
sus ángeles rebeldes
y palidezca
la nocturna luminosidad de las ciudades
cuando la luna y los astros
comiencen a ser reales
en los lomos peregrinos y cetáceos.

Temer al mar
cuando la incertidumbre
invada nuestro animo
y no alcancemos a saber si nuestro origen
es marino
o celeste
o es origen.
Temer al mar
cuando sus crestas horrorizan nuestra carne
y un aire denso desliza sus misterios
en los corredores indiferentes
y solos
de nuestra alma.

Temer al mar
cuando se es sonámbulo de día
y las colinas de los cementerios
no satisfagan nuestras ansias
los inútiles y transitorios estados de ánimo.

Temer al mar
cuando se confundan las orillas de los puertos
y cunda el desoriento
entre los más firmes capitanes del oficio
de escribir a los océanos.

Temer al mar
cuando nos vayamos a vivir
a sus orillas
y todo abandonemos por el entusiasmo.

Temer al mar
cuando nuestra propia casa
le dé la bienvenida
por la ventana más amplia
y desaloje nuestros obscenos huesos
por la puerta.


Temer al mar
cuando no rehagamos los versos
como cambia la arena de las dunas
y los huesos salinos de animales
varíen su ropaje entre los mangles.

Temer al mar
cuando las focas no reposen
ya no
sus bultos de ropavejero
en las tranquilas pieles de las rocas.

Temer al mar cuando la carne alucinada
en las multitudes solitarias de las grandes ciudades
detenga su peregrinar a lo desconocido.

Temer al mar
cuando al alejarnos de las olas
volteemos hacia atrás
y las sirenas más absurdas
permanezcan sentadas en sus piedras
y maten nuestros sueños.

Temer al mar
cuando suspenda su canto la ballena
y dejemos de advertir el aliento
que existe entre el paso de los siglos
y los caracoles silogísticos
no atesoren —ya no— en su oído musical
los gritos primigenios.


Temer al mar
cuando las cuatro ballenas cardinales
se amotinen sobre el mundo.

Temer al mar
cuando en locura prendida a la vigilia
la ballena descienda a los rincones inhóspitos
y ante la ausencia total
de luminosas poblaciones de plancton
de apetitosas masa de eufasiáceos
se oculte a morir de hambre
como los hombres en las grandes ciudades del mundo.

Temer al mar
cuando no comprendamos
que el canto es el lujo mortuorio del abismo
la desesperada resistencia a la individualidad.

Temer al mar
cuando la ballena no sea el mimo
que imita a los peces voladores
y el retroceso del pulpo
no sea su más astuta manera de avanzar.

Temer al mar
cuando neguemos que la danza
nació de los cetáceos
y heredaron sus ritmos
a los cuerpos humanos de la selva.


Temer al mar
cuando mis atavismos, mis deseos jamás satisfechos
los senos nunca besados,
las palabras nunca pronunciadas
—que se guardan en su regocijo—
no se expongan al sol
y sea evidente mi efímero y casual
encuentro con la vida,
con esta locura a medias recorrida.

Temer al mar
al recordar que la carne estalla
al grito del arpón,
enormes violaciones a la piel
—chirridos de la grasa—
como si la carne muda
despertara en ese largo instante
de nunca producir tamaña inmensidad en el espacio
momento táctil
aéreo
las aletas caudales y dorsales
dobladas en espasmos
para luego quedar a la deriva de si misma
más cetácea que nunca.

Temer al mar
cuando los inenarrables cantos
de la ballena jorobada
abandonen las inmensas cordilleras
submarinas

y no sean más nostalgia
ni sean sed
ni angustia
ni coraje

temer al mar
cuando sintamos que la palabra no es ya
la otra cara del mundo
la única posible

temer al mar
cuando deje de empequeñecernos
la creciente inmensidad azul
de sus montañas nómadas
mientras las desafiamos de pie
ante su orilla
sobre el vértigo huidizo de su arena.

Temer al mar
cuando esa tierra sin fin
sea solo un horizonte de asombros
jamás imaginados en los encuentros de las  aguas.

Temer al mar
cuando el viento ligero no levante ya más
las sabanas volantes de la arena
y nuestros torsos desnudos en la playa
no experimenten el flagelo sutil de su constancia.


Temer al mar
cuando la playa no sea ya
nuestro refugio socorrido
ni al calor de la risa de los niños
recuperemos la certeza del valor de la vida.

Temer al mar
cuando las aguas podridas de los astilleros
y las turbias de los muelles
exijan clasificación aparte
y el cuerpo de la amada
el llanto y las miserias
no estén en el mismo pan
en el mismo verso.





lunes, 8 de mayo de 2017

LOS MINUTOS Y LAS HORAS. Textos de Joaquín Maldonado


Joaquin Maldonado      

Nacido en la CDMX, Programador de Computadoras, empleado de gobierno del Estado, 
asiste al taller de la serpiente en UABCS desde el 23 de febrero del 2017






Veinte de abril


Veinte de abril. Hoy Carlos y María cumplen ocho años de casados. Sería un gran día si tan solo María no hubiera descubierto el ticket de SARA´s en el saco de él hace una semana, era una compra importante, algo caro para alguna de las amantes que sin duda él tenía en su oficina. Ella revisó el Facebook de Carlos, estaban las fotos de una reunión en la empresa el viernes pasado, había una mujer rubia quien sonreía en todas las fotos, de seguro a ella le había regalado algo, un perfume, un reloj, quizá una pulsera.
Por la tarde empezó a beber. Recordó que su esposo tenía una pistola en su buró, fue por ella, la tomó, se sentó en la cama, lloró un poco y la guardó en su bolsa. Salió a la calle, subió a su auto y fue a SARA´s. Preguntó por el ticket, lo sentimos, solo podemos decirle que el cliente pidió que se enviara el paquete a domicilio, no podemos darle más información. De regreso paso a un Oxxo, compró una botella de vodka con mandarina, una bolsa de hielo y cargó saldo en su celular. Llegó a su casa. Eran las tres y Carlos llegaría a las cinco. Se bañó, se arregló un poco y se sirvió un vaso grande de vodka, vinieron a su mente las fotos de Facebook, la sonrisa de la mujer rubia le parecía burlona, llena de rabia tomo la pistola. Tocaron a la puerta.
Sonó un disparo y Carlos cayó al suelo, traía el traje azul marino, la corbata y la camisa rosa que ella le había regalado en su cumpleaños, se veía impecable a sus cuarenta y cinco años sino fuera por la pequeña mancha de sangre que asomaba por su camisa. Sonó el teléfono, María levanto la bocina sin hablar siquiera, eran de SARA´s, querían entregar un paquete que días antes alguien de nombre Carlos había comprado para regalo.







Los minutos y las horas


Uno pierde los minutos y las horas
caminando entre Esquerro y Abasolo
calle abajo y hacia el malecón
entre el calor y los puestos de chinos
miras esa foto
relojes de arena en los aparadores
los vendedores ambulantes del viejo barrio
el calor de la ciudad
las calles con árboles de la india
las aceras de mosaico bañadas de sombra
miras de nuevo la foto
y sonríes sin darte cuenta
es una tarde espléndida
la gente que camina y se aleja
que sale de foco
entre el calor y la sombra










Los gigantes


Al caer la noche llegaron los gigantes
los iluminaron cientos de mariposas blancas
todos de pies desnudos
en una mano sus zapatos en la otra una cruz

En el fondo de una botella la luna reposaba
mientras un artista con su lápiz inventaba la lluvia
los gigantes brotaban entre libros y abanicos
estallaban en cientos de pájaros y palabras

Entonces llovió
y el genio del mar aguardó en su silla
todos de pies desnudos
en una mano sus zapatos en la otra una cruz.









lunes, 10 de abril de 2017

Cascabel #32, reunión de escritores de Oaxaca





Odisea. Poesía y narrativa de Ana González Castro.


Ana Laura González Castro. Originaria de La Paz, BCS. Tiene 27 años. Estudió Biología Marina en la UABCS. Actualmente estudia un posgrado en ciencias marinas y participa en el taller de la serpiente.





Púrpura pansa                                                                                      


A veces cambio y me transformo en animales de cuerpo blando
sin huesos ni sesos
sin ojos ni brazos
Soy caracol errante
calamar gigante
todo y nada, lo ves
A veces cambio de casa para vivir en la misma roca
Sostengo y defiendo
¡pum! Disparos de tinta tóxica
fiel turbidez, la tinta no ha secado.
déjala flotar.





Despertar                                                                                          

Era día y el mar me veía
era martes y no sonreía
el corazón no cabía en la palma de mi mano
en la tinta de los dedos
en la uña del pulgar
en las células de piel
ni en el núcleo de mi ser.






Arrecife

Detrás del miedo nació el mar
con sus manos tomó de mis aletas
y de su dorsal creció la osadía
 tritón era, tritón es.
Vidas pasadas y liberadas
en bosques de algas pardas
con peces ocultos bajo el manto del coral
poza lejana, poza olvidada,
aquellos dientes agudos nos dejaron entrar,
y los depredadores perdidos a nuestra guía van, 
pero mamá y su voz impone el volver
y de la tierra hemos de ser.





Memorias de Jack 

A través de la ventana contempló el cielo, maravillado por aquella aurora boreal que dibujó la figura de una cebra y se desvaneció al instante, dejando un resplandor azul en el horizonte. Decidió tomar su bicicleta y los pensamientos giraron cómo trompos buscando negocio con el pasado. Recordó el aire frío y la ventisca que nunca paralizó sus enérgicas piernas, el cable de seguridad y su medición ajustada al arnés, el piolet grabado con el caracol de la deidad, las cuadras cubiertas con el candor de la nieve y la colección de monedas que cambió por el viaje en el territorio polar. Lo recordaba cómo si fuera ayer y el tiempo permaneciera inmóvil cómo la estatua del reino que solía visitar. Pero la caída en la vía de la montaña lo desalentó, y una joroba le apareció. Ahora tiene un trabajo de oficina y aún le duele.







Dosis diaria

Estaba nervioso, su angustia crecía con cada minuto que transcurría en aquella sala de espera. Recordó la llamada, la mujer al teléfono tenía una respiración densa, hablo lento y conciso.

-       El médico lo atenderá hoy.

Sin mayor detalle colgó. Desconcertado, inició una guerra en su mente imaginando padecimientos mortales y lamentando su vida sedentaria llena de excesos. Sin embargo, no se sentía enfermo, su cuerpo funcionaba, dormía ocho horas diarias, comía con ganas, y a veces hasta sonreía. No entendía el motivo de la llamada, y la incertidumbre le estaba ganando. Vació sus bolsillos hasta encontrar su goma de mascar elaborada con resinas orgánicas, tenía aspecto desagradable y consistencia pastosa, el sabor amargo le entumió la lengua y algo en su interior hizo clic, se sintió ligero y relajado, sin temor alguno. Notó que las letras de la sala de espera parecían difusas, escuchaba voces salidas de un trombón desafinado y sintió unas repentinas ganas de bailar. Se puso en pie, agito sus brazos tres veces y se detuvo. El médico le toco el hombro y lo invitó a pasar a su oficina. Aquel pasillo de paredes frías y luces brillantes parecía interminable, entró tambaleándose y agotado se dejó caer en la silla. El médico lo observo detenidamente, le hizo un par de preguntas, escribió en una hoja, suspiro profundamente y concluyó:

-       Entiéndelo Roberto, esos chicles no te ayudan a bajar de peso.






Odisea


Abrió sus ojos y la luna le deslumbró. Aquella luz iluminó los rincones más oscuros de la tierra. Observó su cuerpo impregnado de una sustancia viscosa, se arrastró con prisa hacia la superficie dejando un rastro de cascaras de huevo. Guiada por la luna continuó su camino sobre la playa. Cubrió su cuerpo con arena y se ocultó de hombres, coyotes y cangrejos. Llegó a la rompiente, pero las olas la alejaban cada vez más. Insistió. Agitó sus extremidades sin descanso alguno y logró entrar al agua. Nadó durante días, encontró refugio en los restos de una embarcación y flotó a merced de las corrientes, flotó durante meses. Y entonces llegó al festín, devoró pastos y algas marinas, nadó sin prisa entre cardúmenes de peces tropicales. Exploró a detalle cada roca, cada cueva, cada material artificial olvidado por el hombre. Subió a la superficie y respiró profundamente. Al día siguiente emprendió el camino de regreso. 












CASCABEL # 14

CASCABEL # 14
NUEVA EPOCA, MUESTRA DE LA LITERATURA QUE SE ESTA ARMANDO EN HERMOSILLO, TORREON, TIJUANA Y EN LA BAJA SUR.

POETICARTEL #4

POETICARTEL #4
ILUSTRACION DE JULIETA SANCHEZ HIDALGO, TEXTO DE FEDRA RODARTE HIRALES ---PROYECTO URBANO DE DIFUSION DE LAS LETRAS Y LA GRAFICA SUDCALIFORNIANNAS, EN COORDINACION CON EL ISC Y LA DIRECCION DE CULTURA MUNICPAL

"CIUDADES IMPOSIBLES" obra grafica de Omar Murillo

"CIUDADES IMPOSIBLES" obra grafica de Omar Murillo
--de la serie "ciudades imposibles"

--de la serie "ciudades imposibles"

de la serie "ciudades imposibles"