viernes, 23 de junio de 2017
Ese no soy yo. Narrativa de Yarozlavy Bañuelos
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miércoles, 21 de junio de 2017
viernes, 9 de junio de 2017
Dualidad. Textos de Indra Avilés
Indra Diana
Avilés Ceseña
Madre y
esposa. Lic. En intervención educativa. Actualmente es bibliotecaria en una
escuela secundaria y es mediadora de sala de lectura en Cafebrería Camelbook.
Formó parte del Taller de la Serpiente UABCS.
Inseguro
Una de las desventajas de ser
adulto es que ya sabes que no tienes siete vidas como un gato, tipo adolescente
que llega a creer que todo lo sabe y todo lo puede. En fin, es una ansiedad la
que me profesa cada que paso por una
avenida en donde los postes de luz están como la torre inclinada de Pisa.
En mi pensamiento está un
¡aceleraaaaa! presiona el pedal y cuando van otros delante de mí, sufro con
desesperación. Mi instinto animal dicta que los mate, estoy que me parte un
rayo. Es un problema severo: desde que subo al auto mi mente se proyecta a esa
ruta, tómalo con calma -me digo- pero he llegado hasta sudar un poco cuando me
acerco, lo siento en los dedos de las manos, presionó más de lo normal el
volante, charrasqueo los dientes, las manos en las piernas, luego en la sien,
las piernas, la sien. He enfermado varias veces del estómago, llegó directo al
baño del trabajo con ganas de vomitar y para completar el cuadro…
Voy con el único psiquiatra de la
ciudad así que tengo que aguantarme. El terapeuta maneja siempre un semblante
tranquilo, “todo bajo control” y se cree muy chingon, sólo porque tiene
confianza en sí mismo, es puro sigue rollo. En las sesiones terminó con el
mismo discurso -sueño despierto todo el tiempo sobre mi muerte trágica: ”Hombre muere de un golpe brutal al caerle un
poste de luz cuando iba conduciendo en dirección al trabajo” ¡Ay! Cómo
quisiera que la cabeza dejara descansar.
Dice -los momentos se trata de
vivirlos y que en realidad la muerte no está escrita, que tome las cosas de forma
tranquila. Debes permitirte ser una persona feliz, escucha música mientras
conduces o haz un recuento de los compromisos del día, fúgate en otras cosas
menos en la muerte, la mejor forma de modificar tu pensamiento es estar
consciente de lo que piensas e inmediatamente cámbialo por algo de tu
agrado-.
Al día siguiente, comienzo
aplicando las sugerencias, sintonizo la radio para escuchar a otros menos a mi
mente, inhalo, exhalo… Al pasar por la avenida doy cuenta que por fin están
reparando los postes de luz,-¡Genial! Ya estaré tranquilo -dije-.
MIENTRAS QUE EN LA RADIO: el día de ayer muere el único médico
especialista en psiquiatría de la ciudad, debido a un golpe brutal ocasionado
por un poste de luz que cayó cuando era
reparado por la avenida siempre viva.
Dualidad
Desde hace tiempo que la observaba,
varias veces siguió sus pasos, ilusionado creía que ella era el amor de su
vida, cansado de vivir como autómata decide dejar su otra relación para probar
con ella, su error fue creer que no la idealizaba.
Ella en cambio, no tenía nada que
perder porque ya lo había perdido todo, una resiliente que se mimetizaba dónde
podía con el deseo de conocer a la persona que tenía aquello que creía que le
faltaba: carisma, sentido del humor y la ligereza de cómo se pueden tomar las
cosas.
Es así, con el tiempo materializan
metas, sueñan, ríen y lloran, se compenetran a tal grado que uno de ellos poco
a poco va perdiendo su personalidad, por complacencia, por verlo feliz, por no
tener problemas.
Manipula con facilidad, prepondera
que es por el bien de ambos, tomados de la mano y con mucho afecto de por medio
cree que está en lo correcto. Absorbe, habla tanto, exige cariños, pide apoyo y
rechaza consejos.
Atiende, mima, escucha, asiente, va
y viene, simula simpatía, socializa, ayuda, incluso cuando nadie la ve. A veces
duda si su pensamiento es el que reanima su cuerpo porque se asombra de lo bien que produce la
farsa.
Pasan los años, con hijos de por
medio, no le queda más que fingir, mientras se guarda para sí la confesión:
comprende ahora que no nació para tener familia, ni esposo para toda la vida,
simplemente quería tenerse a sí misma.
I
Colmé
la figura con atroces estigmas
Cuán
sugerentes son
invitan a
transportar sin razón
golpes
bajos que proclaman dolor
No hay
manera de evitarse
no importa
si te equivocaste
sin duda te
enamoraste
No hay
perdón
tampoco
implores opción
mucho menos
redención
II
Colmé
la figura de atroces estigmas
No sabía
qué escribir así que ejecuté los actos más inverosímiles que pudieron pasar por
mi cabeza.
III
Colmé
la figura con atroces estigmas
Las
palabras
en horda
van y
vienen
para
debatirse
entre sí
Envenenado
sufre
hiere
un ser
incapaz de
vivir
No hay
momento alguno que no se relama
negro
crudo
funesto
como
escupitajo
al viento
sopesando
a los demás
no consigue
narrar
lo que
llama tempestad
A la par
Amiga
de leches y copos,
diré si no me equivoco,
sin mí pareces tan hueca,
no saben, sin ti soy simpleza.
Tengo nervios de joven premura,
ideas de loco suponiendo aventuras.
Dos piezas con una comisión,
plasmando claro la razón.
Créeme, seré bueno al tocarte,
te quiero sincera para amarte.
¿Sabes que dibujo raíces y escribo historias?
No palidezcas, cantemos como amigos, bribona.
Anda que la tinta no ha secado
y el amo ha vuelto desesperado.
jueves, 8 de junio de 2017
viernes, 2 de junio de 2017
Casi neutro soñador. Poemas de Antonio Susarrey
Marco Antonio Susarrey Galindo,
nació un 16 de septiembre de 1990, en lo que respecta al oficio de escribir, a
pesar de tener publicaciones breves y ocasionales en revistas literarias, no
descarta seguir teniendo sus aportaciones. Fue cuando se integró a la red de
lectura organizada por el promotor de lectura Luis Fernando Gómez Cota, que
empezó a tomarse la literatura más en serio como medio de expresión. Tiempo
después pasaría a formar parte del seminario de dramaturgia de Alianza Francesa
de La Paz en las temporadas 2013 y de 2015, tiene actualmente una colaboración
aún en proceso de Cuadernos de la Serpiente.
Elevador
No amanezco, sin acatar de memoria este vaivén espinal, la caja burguesa
donde se piensa en el golpeteo de un gran mazo de feria
(y, como una lógica consecuencia, esperamos ascender).
¿Es que mucho más sentido tendría así?
Vaya, esto sí sería dejarnos sin palabras, ¡ponderar, sin medalla!
Mientras se respira por los ojos la confidencia,
mientras florece sobre el brío, el tizne
de alguna sombra bufa y protocolaria,
me respalda la absurdidad que aún pellizca como una brasa contra las sienes,
porque la naturaleza del destino era verse impreso sin fábrica; sin torre como garbo de cisnes corrompidos; sin Goliat en un pie que agreste prioridad fuera escamotearlo cuando se pase de yerto.
Pero algo ignora más de sí y se niega a ser lacónico,
¿acaso la epítome de la fragilidad tendría que esperar?
Le da tiempo ello al cristal de conquistar más cenitales sumas; el pavor imprime sobre el corazón los vértigos en un más escabroso sentido que el de sólo crecer;
acaso el cristal llegara a precipitarse y hasta la lengua poblar.
¿Somos frágiles, lo recordamos mal, tan sórdida, patéticamente mal…?
de lo contrario no se resistiría el corazón a cundir más profundo de lo que la iniquidad obstruye con su paso.
Se piensa que hay que libar de salubre y buen espejo cuando es tan audaz la fruta, que sobrevive a concretarse sobre un estanque de glacial aumento.
Cajetilla
Traigo pétalos diseñados para el ígneo desuello
y un pesar inagotable, una muy corrosiva poma;
un veneno en la jofaina llamada ciudad; un pleonasmo de tierra bien tatuado más agonizante; un trozo de barrio que empieza en el vaivén de tu falda y que acaba (sin distinción de hostigadores) en laberinto;
traigo un cierto repudio por el abrevadero de sanguazas, traigo un verso que es torrente y no un remo, y lato con el ansia al ras de un goce efímero, portando el encendedor que ipso facto la calamidad retrata y me recuerda lo matorral hemos sido por dentro.
A mi infanta
Como el fiador cetrino procuraría en su nevisca,
una vez designe lugar a tu fantasía, me aferraré a suponer que las primaveras rayan donde tú.
Esa convicción de claridad, dirás, renace.
Y sin duda, descorrer, consistiría a la larga en tu impulso blanco.
Dirás: esto falta; dirás: sólo emanemos tal o cual verso al aire
en tanto que mar y albufera encendidos de vítreo parentesco.
Vaya aprehendida pieza de ternura que eres:
De tu voz la agudísima campana, a voz sensible me siembra risa;
tu ombligo: madriguera tersa de la estrella más canica (tu vientre de algodón carcajearía si lanzo una y lograra, con la mayor fortuna, errar).
Sin embargo, cuando te pinte la melancolía como la auguro
después de consumido todo este viso de inocencia…
dirás: no enmarques, por desesperación, a una atmósfera que avejenta,
sólo descompón el vaho de su púrpura; dirás…
¡entreabre como festiva cosa, al púrpura!
Aún sobrevenido denso, y agreste en las cosas,
un otro dinamismo: descubrirás un rojo sin masacre,
sólo espejismo cereza que afín al aura te persiste;
no te derrotará el espanto cerúleo que es el día revoltoso, según aterrice;
No dos izquierdas gamas se concentran en el pasodoble del púrpura:
vaivén y casa de uva que se ovillan en la sangría indeleble de dios.
Los objetos
A veces los objetos son suplidos
pero a veces, se acumulan.
Hacen dunas en la casa, las ventanas se obstruyen,
la cama se reduce...
y se me ocurre alguna hipérbole
que no me cabe en la lengua.
No cualquiera entiende la añeja hipnosis
de las experiencias.
Sin embargo, debe suscitar un tipo de conflicto insoslayable
que no son ni la pelusa, ni los artrópodos infectos, ni la angustia por una rendición prematura…
pues así, ¿cómo se dejará algún espacio, más que nada
para verter el recuerdo que falta?
Conjetura
Debe ser incansablemente extraño imaginar nupcias de mastodontes sosteniendo al mundo, constreñido por el moño de sus fornidas trompas al grado de asfixia y sepultura rota.
¿Por qué no sugerir entonces, digamos… una foca que nos dediquemos a agraciar?
Una que salte y aplauda briosa, a sirviente estrellato
salvando de la puerilidad nuestra cognición.
Y pese a todo procurar, ¡ah!, pundonor de onírica foca, jamás en su genio pinchar, con el clavo de hielo formado en su nariz aguda, la pelota.
viernes, 26 de mayo de 2017
Anotaciones sobre Odile. Poemas de Ramón Cuellar Márquez
Ramón Cuéllar Márquez
Nació en La Paz, en
1966. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Actualmente se
desempeña como productor y guionista en Radio UABCS, donde dirige el programa
“Letras Vivas, la voz de los escritores sudcalifornianos”. Ha publicado los
libros de poesía: “La prohibición del santo”, “Los cadáveres siguen allí”,
“Observaciones y apuntes para desnudar la materia” y “Los poemas son para
jugar”; las novelas “Volverá el silencio”, “Los cuerpos” e “Indagación a los
cocodrilos”; de cuentos “Los círculos”; y de ensayos: “De varia estirpe”.
Anotaciones
sobre Odile
El huracán
Odile fue el meteoro más intenso de que se tenga memoria y que tocó tierra
sobre la península de Baja California, como se muestra en la actual era de las
imágenes de satélite. Junto al
huracán Olivia de 1967 y empatada con su predecesor, el huracán Marie, Odile tuvo una presión
barométrica de 918 hPa. Barrido sobre la península en septiembre de 2014, Odile
causó una gran estela de daños, particularmente en el estado mexicano de Baja
California Sur; adicionalmente causó daños menores
en el resto de la República mexicana y el suroeste de Estados Unidos. El precursor de Odile
se formó en una depresión tropical
al sur de México el 10 de
septiembre y rápidamente alcanzó la fuerza de tormenta tropical.
Luego de desplazarse erráticamente por varios días, Odile empezó a moverse al
noroeste, incrementándose su potencia antes de alcanzar su pico de intensidad
de huracán, categoría cuatro, el 14 de
septiembre.
Wikipedia.Org
Categoría
1
Vendrá el
aire dando vueltas con sus faldas para que el mar
[se
levante,
bramido
de espuma que se agita en mitad del mediodía,
[que
devora la noche,
que lleva
y trae los barcos a la mano de la playa
[donde
los granos de arena
se han
convertido en sistemas solares que nadie entiende,
[que
se elevan
y
regresan a la faz de la tierra como un manso
[cordero,
soles
tristes que no evolucionan y explotan en su agua.
Todas las
noticias apuntarán hacia tu gran ojo negro,
[hacia
tus fauces
de
violencia genética, tus clamores de algodón
[que recorrerán el
tiempo,
las
pantallas de televisión y las líneas de periodistas
[imprecisos,
asustados
de tus dientes, pero hambrientos
[de que tu baba todo lo
destruya.
Avanzarás
poco a poco, arrastrándote por el océano
[como
una oruga gigante,
convertida
en ciclos de vientos, en círculos de agua
[tormentosa,
para que
la sal del mar se encarame junto contigo
[hasta
que tus alas blancas
aleteen
a la velocidad de la ráfaga,
con vientos sostenidos arriba de doscientos quince
[kilómetros
por hora
y rachas de doscientos sesenta que estiran todo
[como
una liga en las aguas.
Como un dios olvidado tus pasos de veinticuatro kilómetros
[por hora
marcarán la pauta hacia la tierra que te espera tranquila,
[necesaria como la luz
que se unta a las plantas como un radiante grito
[de
vida.
Como el dios maya Hurankén que esparció su aliento
[en las insólitas aguas del origen,
así tus alas de mariposa blanca recorrerán su camino
[de caprichos,
por aquí, por allá, adelante, izquierda, derecha.
También
en tu recorrido cargarás las significaciones
[de
tu nombre,
habitadas
por los signos de los arahuacos
[y los quechuas,
ese
dios maligno que todo lo recoge y lo lanza
[hacia los cielos.
Lento,
sonriente, satisfecho de la sangre de aire que te poseerá
[como
un demonio,
invisible
a la mirada, con la furia de ese dios cojo que nació
[del
corazón del cielo
para
gobernarnos todos los septiembres de todos los años
[de
todos los siglos,
nos
dejarás ahítos de lo breve y del instante que todo
[lo consume.
Sí, ese
dios de una sola pierna, ese huracán, ese hun, uno,
[ese
akán, esa pierna solitaria
que
va dando sus tumbos a lo largo del océano
[como patada de mula.
En otras
partes vas y vienes con otros nombres,
[con
otras alas, otras penínsulas,
tal
vez otros dioses hermanos o tú mismo siempre
[como en un espejo,
otra
sangre transparente, otros mundos que vuelven
[a nacer,
siempre
el regreso, el génesis, el ciclón de la India
[y todo el golfo de
Bengala,
el
baguio de Filipinas, el Willy-Willy de Australia
[y el tifón del oeste
del Pacífico.
Tu
poderoso abismo, hoyo negro en la Tierra, nada escapará
[a
su horizonte,
ni
las lámparas de petróleo de mi abuela ni los cerillos
[de la infancia,
se
mantendrá para siempre jamás en los linderos
[del signo,
dando
giros como un trompo en la cutícula del mar, el piso
[acuoso
de tu memoria,
como en
el Popol Wuj donde naces y te reproduces
[como
maestro gigante,
donde Uk’
u’ Kaj llamado Jun Raqan, corazón del cielo,
[o
hu rapah r’aqan, agua gigante,
se
solaza y se recrea en sí mismo para renovarlo todo.
O te
hallarás en las palabras del poeta Timo Sosa, que leerás
[palmo
a palmo
para
descubrir Hunrakan, ese sentido rápido,
[vertiginoso
y
amarillo que habita en la casa de Hun-uno rax,
[y abre sus puertas
y
ventanas con un aullido que desprende árboles
[y ángeles desde sus
raíces.
Más
delante de ti verás a los gobernantes sentarse a la mesa
[para
que tu cuerpo
no
arrase nuestra frágil inteligencia que se aferra
[a los cauces del
pasado
y
a los planes de un futuro que jamás ha existido,
ahí
donde Ulises navega en las aguas
[de su incertidumbre.
Como
sacerdotes temerosos darán órdenes para recibirte
[sin
cabras desolladas,
sin
corazones abiertos para que no ocurras,
[para que no llegues,
para
que todo lo humano quede al margen de las otras
[vidas,
para
que no obstante arribes con todo el impulso
[de las horas
y
en sus prédicas escritas en oficios número
[tal y asunto tal
su
autoridad signifique el peso de una pluma que cae
[después del zarpazo:
“Estamos
trabajando para ti, para tu sonrisa,
[para tu confianza en
la urna,
para
que no te equivoques al marcar la cruz después
[de la tormenta.”
Desde sus
templos de burócratas arrastrarán el lápiz
[haciendo
planes y estrategias,
contemplando
los pros y los contras de tenerte encima
[del arco iris,
cabalgata
en la atmósfera, jinete preciso, locura blanca,
mirarán
desde sus perplejidades los efectos de tu paso
[de
veinticuatro kilómetros por hora,
cálculos
que servirán para sus rituales de despensas
[y láminas
galvanizadas.
Categoría
2
A pesar
de tus hebras que circulan, a pesar de tu antiguo
[espíritu
que nace del estío,
borraremos
de las líneas de las manos
las
significaciones de tu gestación con un nombre
[nuestro,
un
embrión que te aprisione una y otra vez
[a los delirios del
clima,
que
te una al todo que no concebimos,
del
que desertamos espantados por no creernos parte
[del vaso de agua.
A tu
eterno retorno le pondremos nombres, figuras de paja
[sin
vórtices,
círculos
que avanzan y retroceden como Octavio Paz
[en
su poesía:
vendrá
Fausto, vendrá Catrina, vendrá Juliet, vendrá Lisa,
[esa
espantosa boca
que
en un lejano septiembre de mil novecientos
[setenta y seis se
comió la tierra
y
el cielo y los casas y los coches y las mujeres
[y los hombres y los
niños.
Caminarán
por las calles con el peso de la luz del sol
[en
sus manos,
ese sudor
que se expande en las paradas de camión
[y
en las casas,
mar de
gotas y actividades que suben y bajan para darle
[sentido
a
la herrumbre acumulada en su historia.
Atentos a
la radio, atentos al aire, al remolino distante
[que
se eleva
como
un helado de coco en la cara de un niño.
Y tú sólo
te mueves como una tortuga gigante que se desplaza
[igual
que un fantasma,
lanzarás
tus zarpazos blancos, llamada de nubes y relámpagos,
[descargas
eléctricas
tronando
en los cielos mientras las abuelas tapan
[los espejos,
temerosas
de que la luz se repita a lo largo
[de sus vidas.
En todas
las ciudades y pueblos dudarán de tu arribo,
[de
tu aliento exacto,
no te
organizarán los rituales que mereces, eso de caerse
[y
levantarse,
eso
de cambiar la piel para que el horizonte tenga
[un sentido.
Le
temerán no a tu vaho impregnado de incertidumbre,
[sino
a las mutaciones
que
sufren las hormigas y las mariposas,
lo
que le sucede al instante cada que muere en sí
[mismo.
Escucharás
a través del espacio las declaraciones
[de
la comisión nacional del agua,
sobre
tu trayectoria, sobre tu violenta veracidad,
la
alerta máxima que culebrea como decreto a lo largo
[de la costa,
a
través de los siglos que reposan todavía
[en el desierto,
en
las llamaradas de más de cuarenta grados
[centígrados;
te han
medido la boca, te han marcado la piel
[con
una distancia,
con
cuatro categorías que estremecen las venas
[de los ciervos,
desorienta
a las aves de rapiña y a los pájaros que pican
[los
frutos de los cardos;
te han
dado nombre una y otra vez porque una y otra vez
[vuelves
con
tus ciclos a montar el espanto y el inicio
[del universo,
te han
metido en el prejuicio del nombre, te han metido
[en
Odile,
para
que nadie te olvide en los minutos en que abrazas
[todo.
Estarás
cada vez más cerca y desde abajo te verán
[con
tus tentáculos invisibles,
abrazos
de Hunrakan, de Jun Raqan, esas palabritas
[que
sacuden los tímpanos
haciéndolos
vibrar para que el eco del océano siga
[sonando en los
caracoles.
Con tu
hélice de nubes comenzarás a besar la costa
[de
la península antigua,
donde
Hernán Cortés asentó sus costumbres y antes
[de él otros tantos,
barcos
de quimeras en medio de la resolana,
[de los rayos solares,
hombres
con ropas y sin ropas en un encuentro
[insólito y en
silencio.
Te
acercarás como la humedad que invade lo que toca,
[con
los pronósticos
y
los preámbulos bien establecidos en los temores
[y en la duda.
Tus
vientos comenzarán a sentirse como una brisa,
[luego
como un abanico celeste,
en
seguida una tolvanera con fetos de agua que caen
[de súbito,
que
se estampan como pedradas por todos lados.
Aferrados
a sus pechos, a sus plumas, a sus pelambres,
[a
sus raíces, a sus casas de cristal,
las
criaturas comenzarán a ocultarse de tu silbido
[inmenso,
huida
precisa hacia ningún lado, cualquier sitio
[que guarde la sangre,
el
arca no construida pero a la que se han subido
[todos dando tumbos,
para
que sólo Odile ruja al sur suroeste del Finisterra.
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"CIUDADES IMPOSIBLES" obra grafica de Omar Murillo
--de la serie "ciudades imposibles"
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