viernes, 8 de julio de 2016

SOMBRAS Y SILENCIO. Muestra narrativa de José Luis Gómez T.


José Luis Gómez Torres nació en Ciudad Constitución, el 18 de junio de 1988, el año del dragón. Desde pequeño encontró en la Literatura una vía  expresión poderosísima y a menudo más versátil que la expresión oral en la que se considera más bien, torpe. No fue hasta la preparatoria que empezó a considerar la Literatura con más seriedad y en el nivel superior incluso compró un cuaderno, en el que empezó a escribir: Introspecciones, un libro ficticio y al que acaba de bautizar para poder escribir su semblanza y en el que incluye pequeñas reflexiones acerca de la sociedad, de las personas en su entorno y de él mismo, y que le ayudó a sobrevivir la adolescencia sin demasiadas secuelas.
            Cuando terminó de estudiar la Maestría en Sistemas Computacionales en el Instituto Tecnológico de La Paz, tuvo la motivación y el tiempo para dar lo que él mismo denomina: El paso; esto es, dedicarse a una de sus pasiones, la literatura, sin atender a la inercia del entorno. Conoció a Raul Cota, que en una demostración inmediata de confianza, por la que José Luis siempre estará agradecido, lo invitó al Taller de la Serpiente. Cuando al llegar vio una mesa llena de libros, bebidas espiritosas y personas que se hablaban sin atisbo de jerarquías, supo que había llegado al lugar indicado: sería escritor. Desde entonces participa activamente y se divierte la mar, excepto cuando la tarea es poesía, entonces sufre, aunque termina por disfrutarlo.
            En su faceta ingenieril José Luis trabaja en desarrollo de dispositivos robóticos para personas con discapacidad y Visión por computadora. Cree firmemente que la cultura, el desarrollo tecnológico y la libertad son los pilares para sacar a una sociedad de jodida. Desconfía de los políticos y en general de todas las personas que hablan más de lo que hacen.
            Actualmente es docente, en el Tecnológico de La Paz, de materias de Electrónica y Taller de Investigación. En sus ratos libres, pocos pero honrados, escribe y trabaja en los proyectos antes mencionados; su sueño es eventualmente invertir esa situación.





Sombras y silencio

Nacieron con dos meses de diferencia; en los números 315 y 316 de la Avenida San Martín. Ninguno de los dos era especialmente sociable así que no supieron del otro hasta que tuvieron alrededor de seis años.
            Desde el momento en que lo vio sintió un profundo e inexplicable desprecio por el niño sentado en el patio de la casa de enfrente; siempre alardeando con su estúpida guitarra, con su estúpida armónica, con su estúpida voz. Siempre causando lástima, siempre aprovechándose de que no podía ver y por lo tanto no sabía todo lo que podía envidiar... pero podía, ¡tenía que poder!
            La tarde era calurosa, se estaba especialmente bien afuera. Había alguien detrás del arbusto ¿Hay alguien ahí? Nadie contestó, pero había alguien detrás del arbusto, alguien que olía a talco. Sé que hay alguien ahí, puedo escucharte.
            Ahora alardeaba de tener superpoderes. Vamos a ver si es cierto. "Alguien" tomó una piedra del jardín y la lanzó con todas sus fuerzas. No había escuchado venir la piedra que le dio en la ceja: además era mentiroso. Cuando terminaba los deberes encendía el aparato de sonido junto a la ventana hasta que conseguía que el ciego moviera un pie con el ritmo de la música; entonces lo apagaba. Pero el ciego seguía moviéndolo, sonriendo. ¡Pinche ciego de mierda! Debía haber algo que el ciego no pudiera hacer, algo que tendría que envidiar. Entonces supo lo que quería para navidad aquel año: Específicamente la que tenía campanilla en el manubrio, era hermosa. Desafortunadamente solo podía pasear en la cuadra de su casa; había calculado que más allá el ciego no podría escuchar, así que daba lentas rondas de una esquina a la otra, tocando la campanilla, pasando sobre latas, colocando una botella de plástico doblada en la rueda trasera, como había visto que hacían otros niños.
            Podía ubicarlo de forma tan precisa que sabía exactamente cuándo desear que aquel pájaro cagara para que le cayera justo en la cabeza al presumido de la bicicleta. Debía reconocer que el ruido de las llantas sobre el pavimento era delicioso y aquel debía saberlo porque derrapaba deliberadamente justo cuando pasaba frente a su casa. Había elegido precisamente el juguete que estaba prohibido para él, su madre había dicho que era demasiado peligroso. Pero dado que se empeñaba en pasear tan cerca de su casa no podría evitar escuchar, por accidente, las canciones que cantaba; la canción de "La bicicletita de nena", la del "Niñito mimado", la del "Niñito que huele a bebé"... Cuando la canción del "Presumido mariquita" no dio resultado, entendió que había aprendido a jugar su juego. Vamos a ver si yo aprendí a jugar el tuyo (vamos a escuchar, se corrigió enseguida). ¿Crees que sólo tú sabes lanzar piedras?
            Las siguientes dos semanas se dedicó por completo a desarrollar su puntería. Colocó un viejo plato de peltre en el árbol del patio trasero y empezó a practicar con canicas. Era mejor de lo que creía y desde luego mejor de lo que los demás pudieran esperar. Cuando logró acertarle cinco veces seguidas empezó a dar una vuelta antes de arrojarla, después dos... no podía hacer que el plato se moviera así que practicó lanzar mientras corría. Nunca consiguió acertar más de un cuarto de las veces de esa forma, pero no podía esperar más, el ruido agudo de la campanilla resonando toda la tarde, todas las tardes, no le permitía pensar en otra cosa que en hacerla callar.
            Tenía una oportunidad entre cuatro, así que tomó la piedra más grande que pudiera lanzar, por aquello de aumentar las probabilidades. Terminó de comer y fue a sentarse en el banquillo, a un lado de las macetas. Esta vez no llevaba la guitarra ni la armónica. Mantuvo las manos en los bolsillos, acariciando la piedra, hasta que escuchó el primer tintineo y empezó a sonreír discretamente.
            Por el tiempo que había tardado entre pasar frente al auto de don Roque y el de don Cacho calculó que tendría que lanzar la piedra al segundo árbol de la casa de enfrente; si se equivocaba casi seguro rompería un vidrio, pero aquel veinticinco por ciento de probabilidades de hacerlo caer, bien valía el riesgo. Entonces ocurrió, escuchó el golpe seco y después la bicicleta y el tintineo entrecortado de la campanilla al golpear el pavimento. ¡Cómo lo llenó de satisfacción! Sin embargo algo arruinó la victoria de golpe. Aquel gemido no era normal. Repentinamente comprendió. Cuando escuchó el alarido de la madre sintió tanto pánico que solo acertó a decirse, como para disminuir la culpa: Pinche mudo de mierda.
            Después de aquello el silencio se apoderó de la calle. Un coágulo, habían dicho. "Si lo hubieran traído unas horas antes..." El único que estaba en la calle cuando ocurrió era el niño del 316 pero, obviamente, no había visto nada... Al tercer día tuvo que aceptar que extrañaba el ruido de la campanilla dando rondas interminables...


El Nopal

            Atado a la tierra, observaba a la colibrí revoloteando. En algún momento se acercó a él y, tímido, le acarició las alas. Se llevó la sorpresa de su vida: a pesar de las espinas ella siguió revoloteando distraída. Eso redefine a los cactáceos, les cambia el humor, les quita productividad, los pone ansiosos, insoportablemente felices, les da un motivo; el sol cambia, quema deliciosamente; la luna cambia, canta canciones de cuna. Entonces la vio espinada, eso también redefine a los cactáceos, los hace maldecir, maldecirse. Se arrancó las espinas para no volver a verla de aquella manera. Qué felicidad saber que no podía espinarla más. Entonces la volvió a ver espinada y entendió que las colibríes son colibríes y que no tienen dueño. Saberlo era una cosa, pero verlo... verlo es otro asunto. Después de varias veces de verla espinada y habiendo estado platicando con el Maguey toda la noche, buscó al Cardón y cuchillo en mano lo retaba con la sonrisa desquiciada de los que han visto más realidad de la que podían soportar. «Vamos, atrévete a espinarla, una vez más y tú y yo nos vamos de este paraje pinche». El Cardón se alejó, burlándose del loco, muy prudente. Me voy a tener que ir, Huitsitsili, -le dijo finalmente el Nopal- tú vas a terminar dándole alas a otro cactáceo y yo solo puedo desenterrarme con uno. Empezó a escarbar despacio y después de asombrarse ante su tolerancia a la falta de tierra, tomó hacia el norte, donde cobró algo de fama, no era habitual ver a un nopal andante, y hasta llegó a aparecer en la bandera de un país. «Sin espinas», había exigido explícitamente el águila modelo. Pero nunca volvió a ser tan feliz como la tarde que descubrió que podía acariciarle las alas mientras ella seguía revoloteando distraída.
El proyecto antipaloma
Todo el fanatismo, el consumismo de fin de año, la segregación por definir cuál de todos seguía más fielmente su doctrina, las guerras santas, la inquisición... tantos problemas que podrían resolverse con una medida que ahora estaba en sus manos: Debían matarlo. La empresa era complicada, los viajes en el tiempo tenían apenas dos décadas y la aprobación debía pasar por mayoría, pero ya un 64% había decidido que los beneficios bien valían el riesgo y el costo energético implicado. Siglos y siglos de lucha y segregación de los homo sapiens podrían eliminarse con la medida. ¿Quién sabe? Tal vez si los ancestros no hubieran estado tan ocupados dividiéndose en el siglo XXI podrían haber evitado la crisis económica, la energética, la alimenticia, la del agua y finalmente la gestativa que los tenía ahora tan privados y en aquel régimen autoimpuesto en pro de la supervivencia. Había muchos detalles por definir, la fecha y el lugar indicados. Definitivamente debería ser antes de sus veintes; ya a los trece el muchacho tuvo eventos de notoriedad pero no estaban dispuestos a matar a un niño, aún para estas cuestiones hay límites, pensó uno de ellos, y todos asintieron (mentalmente); los veinticinco, la mayoría de edad en el presente, podía resultar demasiado tarde, aunque no tenían certeza, dado que los escritos religiosos no fueron considerados como prioritarios durante la Gran evacuación, y la mayor parte de la información se había estado recabando los últimos tres meses en forma directa de los distritos humanos.
            Murió crucificado a los treinta ¿o fue a los treinta y tres? Como fuera, cerca de sus treintas sería demasiado tarde, tal vez no sería tan emblemático como la crucifixión pero igual podría permanecer como un símbolo, como un mártir: ya para entonces su persona estaba bien reconocida. Se decidió que fuera a los dieciséis. Habría que viajar tres mil veintisiete años al pasado.
            Encontrarlo a sus dieciséis años fue más difícil de lo que esperaban. No tenían el factor estrella de Belén que podrían haber aprovechado en su nacimiento, además su aspecto estaba muy lejos del europeo que esperaban, y fue harto desconcertante que no tuviera el acento español que se le atribuía en los registros recabados.
            Hubo un último punto que por lo sensible, no fue resuelto hasta último momento ¿Quién lo asesinaría? Después de definirlo al azar, la única forma válida, el responsable entró al cuarto donde lo tenían recluido (permítase omitir toda la logística del secuestro, baste saber que no cooperó tanto como ellos esperaban de acuerdo a lo que los humanos recordaban de las escrituras) y le explicó la razón de la operación, cómo su muerte (aunque no fuera poco, toda vida es importante, le aclaró) podría evitar tantas guerras y separaciones, cómo las religiones separarían a la humanidad en su nombre, cómo la religión dominante eliminaría activamente a los que no adoptaran su doctrina, cómo en su nombre se lucraría, cómo...
            Antes de que siguiera aquel lo detuvo con un gesto de su mano.
– No será necesario que cometas homicidio, si todo eso se resuelve con mi muerte... puedo hacerlo yo mismo.
– Pero tu padre no te aceptaría en su reino (habían estudiado los registros a conciencia)...
– Mi padre murió de tétanos hace dos años...
            De vuelta al presente encontraron que, milagrosamente... todo estaba igual. Había algo, un miedo, tan profundamente arraigado en los homo sapiens, una inseguridad tan profunda, una predisposición tan fuerte a la destrucción que de alguna manera lograron destruir el mundo sin necesidad de Jesús.





Los países

– ¿Qué es un país? – le preguntó después de escuharlo deletrear con dificultad en el periódico.
– Es una bandera y una raya en un papel, que se besa la cola.
– ¡Qué cochina! – dijo divertida la alumna, dos años menor.
– Sí.
– ¿Y cuántos hay?
– Hay tantos que les tuvieron que empezar a inventar colores.
– Pero ¿Cuántos?
– Muchísimos, como diez o quince.
– Y ¿Cuáles son?
Adoptó la postura reservada para los momentos de especial erudición, cruzando las piernas, con sus manos detrás de la cabeza y la mirada en el horizonte y comenzó a enumerar.
– Santa Rosalía, uno, Mulegé, dos, La Paz, tres, Guerrero Negro, cuatro, Los Cabos, Cinco, Chivas, seis, El palomito, siete, San Lucas, ocho... –después del octavo hacía pausas largas, porque tampoco está uno para andar memorizando países– Constitución, nueve, Sur América, diez... diez países.
– ¿Y Arcoiris?
– Todavía no acababa. Arcoiris, once. Puerto Chale, doce; ¿Los Cabos ya lo dije? Sí... Puerto Chale, doce... Loreto, catorce, Nayarit, quince, México, dieciseis, Insurgentes, dieciocho, Sinaloa, diecinueve... –Se detuvo un momento largo para asegurarse que no olvidaba ninguno y al final sentenció– Sí, diecinueve países... te dije que eran un montón.
– ¿Y en cuál vivimos nosotros?
– En el país de los abuelos, Villa Encanto. –Y de inmediato, para cubrir el hecho de que ese no lo había contabilizado, agregó– Excepto cuando hay balazos, entonces vivimos debajo de la cama.


Tenis de mesa

Esperando un pianista de clase mundial, su padre le compró el Steinway que no le habían pedido y se lo echaba en cara cada que lo veía leer «esos libritos» o que pedía permiso para salir con sus amigos, acompañado de: Ser el mejor implica disciplina. Cuando su instructor le dijo que el único deporte prohibido era el tenis, pues pone rígido el brazo, y un pianista debe ante todo tener brazos flexibles, supo cuál era su nueva pasión. Desde entonces se escapaba cada viernes a jugar con la raqueta que Antonio le cuidaba; él no podía llevar a casa nada que no estuviera relacionado con el piano. Si practicaras diario podrías llegar a las nacionales, tal vez incluso calificar para los Olímpicos, le había dicho Antonio cuando se hizo patente que era bueno en aquello. Eso implicaría prácticamente dejar la escuela; no podía practicar en las tardes pues tenía que ir a las clases de piano. Eso implicaría salir todas las mañanas uniformado, con el short blanco debajo. Eso implicaría maquillar las facturas de libros y materiales…
            Dos semanas antes del “viaje de prácticas” también conocido como Juegos Olímpicos de Pekín 2008, su padre lo esperaba con la mirada estremecedoramente calma que ya había visto dos veces antes: Cuando lo descubrió robando golosinas y cuando lo encontró tocando a su hermana. «Algún día me vas a agradecer esto» Le dijo sin darle tiempo a reaccionar al hecho de que su padre tenía un marro en la mano y que estaba a punto de descargarlo en la rodilla de su hijo. Después de unos segundos-horas en el piso, el dolor disminuyó los suficiente para permitirle gritar con veinte años de rabia acumulada: «¡¡Chiii-ngaa a tu maaaaadreeeee!!», mientras el padre, con toda tranquilidad, volvía a levantar el marro.
            Ahora practica tenis de mesa todos los días; lleva ocho años imbatible. Los rebeldes siguen rebeldes hasta el final... hasta el manicomio.

martes, 21 de junio de 2016

TRANSVISIONES. Poemas de Daniel Olimón.






Daniel Olimon (Guadalajara, Jal. 1976)

Escritor y pintor, radica actualmente en la paz, parte de su obra aparece en revistas de circulación estatal tales como perros, la palabra, cascabel. Ha participado en diversos eventos literarios como lector de su obra y jurado.
















Ser o no ser
Ésa es la cuestión


William Shakespeare



I

Seguido al eco

el perdurable silencio,

se dispersa en murmullos

por la garganta del mutismo,

ausencias que revolotean

fragmentadas en el tiempo.







II

Emociones en el viento

dejan ciénegas

en mis ojos sofocados,

en el último suspiro

sepultando caricias

bajo la piel de mis visiones.






III

Gemidos

ataviados de abandono

yacen en cada parpadeo

del recuerdo,

afonías

que punzan reprimidas.







IV

Quimera que contiene

la voz de la nostalgia,

sonido ermitaño

idealizado en la memoria,

confinado

al insondable olvido.






V


TRANSVISIONES (sueños)


En una última y dolida voz, en susurros

¿Deberíamos implorar?

Soñar al unísono, con ambición.

Morir es dormir...

Las ilusiones sobrevendrán a la callada necrópolis, llegaran en lamentos, al abandonar este mundo con nuestra desdicha, la de todos; ¿Resistieran la lentitud de los tiempos, la insolencia del crepúsculo, las infamias del abandono, la infección de la soledad, el espanto de unos arrumacos dilapidados, el desprecio de otras percepciones?

Sólo aquello que existe mas allá, tras la Muerte, en el borde de la noche, justo al límite de las dudas y el silencio, el más claro y refinado silencio.

Sí, el mutismo con todos sus espectros, resonancias como música de fondo:

Un tropel de silencios

Así, en el alud de la natural sombra, el valor se desmorona, en la intemperie la cordura mundana sucumbe a sus mudas plegarias que marchan rumbo a la nada.







VI

LA REALIDAD


¿Que nos deja?

Tras sus atropellados pasos:

El polvo que se esfuma. Sombras de un culto exilado. La tristeza y sus siluetas. Los espectros y sus visiones transmutadas.

¡Todo de un solo golpe!

Los versos derivados del insomnio, esas líneas intangibles, la demencia y sus retratos. Una procesión de sentidos. Palpitaciones que emigran. El lamento de las tardes. Un temporal de suspiros. Las tentaciones y sus signos agolpados a tus pies, huellas de sus huellas

Estamos en el mismo plano bajo dogmas etéreos que transitan de su mano

donde la vida devora lo que dejamos a orilla de la fantasía,

en el umbral de la memoria,

eso bien lo sabe aquél que se olvida a sí mismo en las profundas depresiones de la inestable realidad

para verse reflejado en otros ojos, en esos que deambulan por la soledad.







VII

ERRANTE


Un P e r e g r i n o

Sobre sendas sombrías, los deseos cabalgan incitados por una tendencia deplorable, sobre impulsos carroñeros que llegan de improviso en visiones obsesivas como buitres despiadados.

DE NUEVO LAS PUTAS PESADILLAS…

Cultos a una gloria consumada, entre súcubos se apacigua, se desquicia el espíritu.

Y al despertar, diseminar los engaños en la frágil conciencia del peca-zador

Pescador de ilusiones momentáneas, devoto a los deslices, a sirenas que desvanecen los instintos sumergidos en laberintos de frágil anhelos.
Artífice de angustias y depresiones compartidas,
de abstinencias matutinas e historias silenciadas,
sin virtudes ni esperanza.

Fantasma
adicto a la natural ausencia y a las imprevisibles visiones
son ESPEJISMOS
tan sólo reflejos en la distancia.







VIII


ser

extinto

precoz recuerdo

insistencia del silencio

frecuencia de palabras inconclusas

estela del suspiro

saeta

luz que rasga la negrura

espejismo comprimido en el espacio

la irreductible timidez de las tinieblas

una sucesión de puntos en el cosmos

vendaval anclado en el viento

mirada sumergida en la fatiga del deseo

nos sofoca

aliento inmarcesible en la distancia

diamante que reposa en la profunda vida

la espesa exhalación

deja en el movimiento de tus muslos al arder

un eco fantasma

aquello que de ningún modo

se puede percibir

sin el alma







IX

sin el alma

se puede percibir

aquello que de ningún modo

un eco fantasma

deja en el movimiento de tus muslos al arder

la espesa exhalación

diamante que reposa en la profunda vida

aliento inmarcesible en la distancia

nos sofoca

mirada sumergida en la fatiga del deseo

vendaval anclado en el viento

una sucesión de puntos en el cosmos

la irreductible timidez de las tinieblas

espejismo comprimido en el espacio

luz que rasga la negrura

saeta

estela del suspiro

frecuencia de palabras inconclusas

insistencia del silencio

precoz recuerdo

extinto

ser







X

MIGAJAS en el viento:

más que partículas somos humo, puntos suspendidos, momentos que se asfixian:

Una hoja en blanco arrugada en el bolsillo

Plegarias hechas trizas bajo el cielo

alientos que arden desde el pecho

heridas que no cantan.

¡NO!

¿SOMOS HUMO?

Más que polvo somos densos testimonios…

Vastos silencios:

Pinceladas de color disipado, el sueño que dilata, un revólver bajo la almohada, incendios postergados, pulpos o espuma de mar hasta romper el día.

Vuelo impalpable en la intermitencia del ser, entre palabra y palabra del que no habla como enjambre de luciérnagas apagadas entre dientes.

Despedidas que levitan, un adiós suspendido en el vacío de tus labios, migajas que aletean.

Recuerdos que mueren en las extremidades del día,

fragmentos que brotan, peces de tus ojos, arena de los míos

somos más que eso y la nada, una inhalación de amnesia

sí, seremos suspiros al derrumbarse las cenizas

cuando nos invada la última duda

y logremos apreciar

aquí

es el mas allá.

sábado, 11 de junio de 2016

Hacia la tumba del poeta. Poemas de Juan Pablo Rochín Sanchez





Juan Pablo Rochín Sánchez, 1977. La Paz, Baja California Sur.

Premio Regional de Poesía del Noroeste (FORCA) 2015; Premio Nacional de Poesía Juegos Florales del Carnaval La Paz 2015; Premio Nacional de Poesía Juegos Florales del Carnaval La Paz 2013; Premio Nacional de Poesía Mérida 2011; Premio Regional de Cuento del Noroeste (FORCA) 2007; Premio Estatal de Ensayo 2006; Premio Estatal de Cuento Todos Santos 2007, categoría libre; Premio Universitario de Cuento, 2003; Premio Universitario de Ensayo, 2003.



Es autor de los libros:

· El anarquista roto,

· Minificción es: el dedo en la llaga,

· La mosca que ronda el plato,

· El país de las espinas,

· El cuento brevísimo,

· El Quemadero,

· Carencia y búsqueda: cuentística latinoamericana,

· El hombre de las manos de nube,

· Cuentos vagamundos,

ediciones descargables desde la red.



Actualmente en edición: El perro es ahora el señor de la casa; y en ciernes: La tumba del poeta.











Desperté aterrorizado entre las sombras

con naufragios en los ojos

y en el rostro tempestades,

y fui a buscarte a la cuna, amor mío.



Ahí estabas, mi niño, apacible

bajo una luz tenue de hada silenciosa

como estrella cuidadora de tus sueños.



Y yo inútil, tembloroso y dolorido,

palpé el reposo suavemente de tu pecho

el tibio tacto de la piel adormecida

la carne palpitante, aletargada.



Con un beso en la frente luminosa

volví a la almohada pensamientos y temores

a usurpar victorioso mi lugar entre las fieras.






Una madrugada

cualquiera de pasión
yo
con el acoso de cumplirte y
la fiebre entreabriéndose en mi frente
del calor inhumano que nos hace cometer bajezas
del cariño ininterrumpido tantas veces y
que ahora tu familia me escupe
en la cara

por la muerte que vas a morir



cuando el amor enceguecido tiene hambre y

la poca hombría que me asiste

a pesar de todo

yo

serafín encanecido, prematuro

que nunca ha amado a nadie

ni a mí mismo

me declaro perdido



antes de que Dios me olvide de plano

antes de perder algo más que la calavera y

la cordura

sin un peso en nuestra cuenta de banco

declaro:

tengo miedo a estar de luto tuyo



túyyo que siempre convivimos

sobresaltos,

penas

dudas,

a los niños

ufandades

caminatas

a pesar de todo, me des

digo



Dios, arrepiénteme



como una datilera en llamas

nuestra casa

padece



estoy parado frente a tu muerte

con las entrañas vacías

haciéndole el amor a los escombros

a la mujer que fuiste

ayer domingo



Dios mío, asísteme



líbrenme del mal que seré

y de la policía

porque yo te amaba

y en cambio

te he escrito una tragedia.



Dios, sostenme.







Me urge pegarle al gordo

dejarlo sin aliento, que parezca asesinado,

necesito paralizarle de súbito las tripas

con mi gancho patentado

y profanar su aire frío

dejándolo abatido;

noquearlo estilo Márquez

de manera alucinante,

sentir la cólera en mi antorcha

de las tentaciones materiales y la fama de mi mote

para hacerme petulante de la noche a la mañana,

seguro de un resplandor que circunde

la sonrisa delatora

del amor a imagen mía,

que la queja se disperse,

la carencia y el desahucio.



Necesito, lo presiento, la llegada de un gozo

lo soñé esta mañana

que humillaba a un señor gordo.







Me va a estallar la cabeza

y entonces sí, salpicaré obras completas

revueltas con andares y los huesos de mis pienses

hacia todos los rincones de la casa.



La cabeza me palpita, abrasada

está a punto de escupir esquirlas

que hieran a cada uno de mis libros

por quienes trago cristales y discursos.



Es difícil pensar con las extremidades.

Es difícil trasplantar los nubarrones a otro trasto

donde no duela tanto acordarme

de la jaula en la que crío aves y poemas

que anhelan libertad,

voz,

eco,

trascendencias.



Mi rostro zozobra ante el espejo,

me saca a flote que sobrevivo empastillado

de leer a Chumacero, a Paz, a un tal Sabines

a quienes llevo, reservado, en los sentidos,

e improviso, con ellos, terapias y rutinas.






Había una vez un día,

una elegante mujer como azucena, que aprisionaba, en su figura, mariposas. Yo la miraba, común, y me acercaba, llevando, en mí, halagos y una rosa, porque presiento, en ella, una buena coexistencia. «Es hora, hijo mío, de permanecer, ligero, en la semilla», me dijo, mi madre, mirando, sobre un altar, la foto postrera de mi padre, con toda su ternura. Acaricié su mano y a mi niño, sonrojado.











Descubrí que nunca he odiado tanto

sabiendo de antemano

que los medios días es sufrir pinche calor

al salir de la oficina, sudoroso

pensando en que mi destino es el sur

pinche calor.



El sol me abraza

mi piel lo saborea con lujuria terminal

ando hediondo

y me arrastra sin piedad

pinche calor

por la avenida.



Lo odio, lo odio

nunca he odiado tanto, tierna, intensa

mente

pinche calor, te odio tanto.



Creo que el infierno no es para mí, definitivo

reconozco que la adivina que una vez leyó mi trusa

me dijo que mi amor estaría perdido en el celo de unos rayos imparables.



Ahora espero el camión, la vista lejos

como aguardar el fin del mundo;

volveré al petróleo

si otro día como estos

beso,

puta calor,

el pavimento.







Tengo hartas ganas de suicidar a los vecinos

de conjurar porque un rayo salido de la nada los calcine

de meterles todos sus ruidos de una patada

por el hueco de la cola

y decapitar siete locuras a las doce de la noche

traspasando sus paredes cual fantasma

y rascarles la columna

con la sierra circular, cinco minutos



tengo hartas ganas de hacerlos florecer

en un templo de lluvia y sangre

de tomar trozos de sus muecas aún tibias

y exprimirlas a martillo hasta el cansancio

e ignorar que se hayan ido de vacaciones para siempre

a través de la tubería del desagüe

cuando vengan las preguntas



quiero taladrarles con sus propios dientes

todo el asco que me causan,

el coraje

en el cráneo, las rodillas y en los codos

para ayudarlos a partir amablemente de este mundo

—plagado de tristezas—

y aniquilar de un fregadazo

la luz fúnebre de este poema desgraciado

que me persigue con su ojo de buitre en mis adentros



hartas, despreciables ganas tengo de perder sus cuerpos

de prenderles fuego y escaldar la dolencia ciudadana

que aguarda cual granada sin seguro en la puerta a mi familia

cuando tosen

carraspean

se sacuden

salpicando repugnancias

sino fuera porque soy pinche piadoso tocando a su puerta

llevándoles la Palabra.







Diurno de descreencia yquetimporta

i

Poeta que ladra no ruge,

se contradice en el instante de cerrar los ojos

ante el sexo a cielo abierto de su amada.



ii

La poesía necesita catecúmenos en bruto,

creyentes, escolapios, tabla rasa

no académicos todolosaben que se tomen la licencia

de hacernos el favor de antologar sus tortibonos

con desprecio a los que apilamos palabrejas

y hacemos combinaciones a lo bruto o más o menos

en busca de mecenas que encuadernen las patadas

que lanzamos cuando puristas mondadientes nos señalan

el punto exacto del enter o las comas

poniendo el dedo en la vulgar imagen.



iii

Háblese de zombis en busca de epígrafes triunfantes

que apaguen catedrales con caguamas bien heladas

mientras se quedan trabados risa y risa

a la distancia, bien ungidos.



iv

Nada menos que un hombre profanado

por un siglo mequetrefe sin memoria,

un ángel bueno que sobreviva a la Academia

a pesar de las pedradas del lenguaje,

que superviva a la basura de vender poesía redituable.



v

La musa es un espacio que te guiñe un ojo en internet,

es una palabra confundida cada en tiempo

por el autocorrector del celular,

es un beso entre dos almas inocentes que jamás se han dicho

«pío»,

una foto #EpicFail sin más mensaje que una errata

atascada en la «esperansa»

y sentada largamente en el retrete

con ganas de arponear a Willy

cuando salte acróbata con gordas regalías…



vi

La poesía es el agua endurecida en la garganta

que te expulsa el desenamoramiento del cuerpo

ruidosamente

en repetidas ocasiones

cuando nos ve encamados

hundiéndonos en la orilla de un poema,

en pleno alumbramiento todavía.



vii

Necesita, pues, la humildad que yo profano,[1]

si es que, acaso, este pecho de descreencia

resucita al poema interminable

del insomnio que me mira con su ojo huracanado.







[1] Fe de rata: «profeso».

viernes, 3 de junio de 2016

MI SILENCIO. Poemas de Tonantzin Gpe. Torres Navarro




Tonantzin Torres, 


La Paz, B.C.S. 1985. Durante su adolescencia en la Heroica Mulegé descubrió su pasión por las letras, ya que era los libros las ventanas al mundo, en aquel oasis indómito. Siente la poesía como una segunda piel, pero se rinde a su voluntarioso cerebro escribiendo ensayo. 







Verano


Trasluces en todos mis versos
y te nombra cada una de mis palabras,
no se si es más tortuoso adorarte a pesar de,
o intentar arrancarte de un alma llena de tus gestos comunes
y tu mirada extraordinaria.
Rendida estoy,
ven a poblar esta tierra que solo reverdece en la humedad de tu presencia.
Que desborda de ti y para ti.
Eres como tu nombre, en el que florece todo lo perenne.






Agonía


Una sola oración en mis labios
desde un tiempo sin memoria:
todo está bien. Todo estará bien.
Estoy bien.
Como un mantra,
o una maldición,
como un conjuro que se vuelve súplica.

Te extraño insoportablemente,
que me arrastro por la ciudad
bajo el peso asfixiante de tu presencia en las cosas
que no puedo evitar,
en todo lo ridículamente ordinario:
parques, calles, esquinas,
canciones;
bajo el peso asfixiante de tu ausencia en lo mío,
en lo que tiene que ver conmigo.

Todos han ido y vuelto de ese lugar común,
algunos con más o menos toques bohemios.

Estoy siempre a punto:
de llorar, de buscar, de llamar,
de mandar todo a la chingada de una vez.
"¿Para qué lloras?"
¿para qué habría de llorar?
¿para que vuelvas?, ¿para qué te importe un poco mi suerte?
"¿Para qué sigues sufriendo?"
¡por qué no puedo evitarlo, carajo!
porque estoy enferma de tristeza,
porque te extraño tan miserablemente
que cada vez que respiro siento que me parto en mil pedazos;
a duras penas puedo tragar
con este nudo en la garganta perpetuo,
a penas duermo, a penas vivo...
no te hablo, no te digo entre la gente,
pero te pienso;
te cuento mis cosas y te sonrío.

Puede ser que no te busque
pero te siento perdido.

Las palabras que no te dije son plomos ardientes.

No te veo, pero la condena no es menor:
tu rostro es un daguerrotipo en el mármol de mi memoria.

Este dolor no tiene narrativa posible,
este sufrimiento no es nada poético;
es feo, desagradable, ajeno:
esto es una enfermedad,
que aunque no contagiosa repele,
es crónica, manifiesta, incurable.

Cada día, uno menos.

Así es esto de vivir el amor
como etapa terminal.





Tu mirada


Es una mañana hermosa,
la brisa acaricia los espejos del alma.

En mis dedos tengo todavía
la sensación de tu piel,
y el sonido del viento
entre los árboles
llega a ese centro
que solo tú puedes estremecer.

La nostalgia se esconde
entre las nube
y amenaza con lloverme:
humedad en tus labios,
en tus manos,
en tus ojos al decir adiós.

A lo lejos puedo ver
como los recuerdos de ti
se mueven torpemente,
sin rumbo fijo;
son caracoles en la arena del olvido,
que se deslizan negándose a cruzar
la delgada línea entre quererte
y haberte querido,
tenerte o haberte tenido;
entre ser uno solo
o ser dos muy distintos.

Es una mañana hermosa
y espero que si el sol sale,
me ilumine como tu mirada.






¿Imaginaste que serias un poema?


Uno, varios, todos los poemas que he escrito,
aún los que he callado.

Te he acariciado incansablemente a punta de versos;
escogiendo celosamente las palabras que simulen las yemas de mis dedos...

Te abrazo con canciones que no escuchas,
te beso con suspiros cada día.

Has sido poema, ensayo, cuento,
penumbra en la madrugada cuando te deseo a mi lado
y abrazo tu vacío para seguir durmiendo contigo;
luz cegadora a medio día,
cuando te comparto las cosas comunes de la jornada;
la boca del lobo por la noche,
cuando cierro los ojos para que nada me impida verte.

Mi canción, mi silencio;
las alas y el viento;
los pies para andar
y la estaca que los siembra en una tierra infértil que no ha de retoñar jamás.

Trescientos cincuenta y cuatro días,
miles de noches,
todas las horas de la vida,
la eternidad de minutos llenos de tu ausencia,
vacíos del eco de tus palabras,
desbordantes de segundos que replican tu sonrisa para que no la olvide jamás.

Eres todos los poemas que no he escrito,
porque eres el hilo con el que costuraron mi alma gangrenada,
eres parte de mi,
alimentado de mi sangre y carne de mi carne.

Serás la sombra de mi sombra
de mil sombras que acumularé en ese siempre que no existe,
porque lo eterno es un invento para tener a qué asirnos y de qué renegar.

Eres imposible como querer fundar una ciudad en la arena;
eres el lastre más grande de mi vida,
el grillete que me detiene,
pero que arrojado al futuro me arrastra consigo,
y que si quiero desandar los pasos no me permite regresar.

Eres el poema que llevo desesperantemente pegado el cuerpo,
como tinta espesa,
como la costra de una herida que se niega a sanar.

Eres todos los besos que he regalado por ahí,
todas las promesas sin futuro que he hecho,
las sonrisas que he prodigado.

Y esta es mi venganza por tu desamor y tu destiempo,
y esta es mi revancha por tu ausencia y tu silencio.

Y este es mi desquite, porque te caga la poesía.

ALEBRIJES. Muestra de la poesía de María Guadalupe Nuño Flores






María Guadalupe Nuño Flores (Guadalajara, Jal., 1966) Vive en el estado de Baja California Sur desde 1966. Licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UABCS. Escribe cuento y poesía. Ha sido juez de diversos eventos culturales. Ha realizado presentaciones de libros y ha expuesto su obra en diversos encuentros de escritores. Ha participado en talleres de creación literaria dirigidos por: Marta Piña, Ana Rosshandler, Kenny Fitzgerald, Arturo Medellín, Rubén Rivera, Publio Octavio Romero, Raúl Cota y Felipe Lomelí. Actualmente es miembro del “Taller de la Serpiente” tutelado por Raúl Cota Álvarez. Se ha desempeñado como instructora de creación literaria para niños en la Casa de la Cultura en cursos de verano. A participado en el libro "Rumor como de brisa" muestra de taller de poesía de UABCS (1995), en la antología de mujeres escritoras sudcalifornianas "A sus libertades Alas" (2007), coautora de “Dellirium” en marzo de 2012 -homenaje a Mariana la loca y antologada en la obra- “Verdad y belleza. La poesía en Baja California Sur” del M. en A. Publio Octavio Romero (2014) y la publicación en carteles impresos gracias al apoyo del PACMYC (2014) y ha escrito poesía y cuento en diversas revistas locales.







19


Hoy quiero ser bicho carroñero.

Olvidarme de Gregorio Samsa.

Batear las manzanas de mis padres.

Aventar -como antes- los limones a mis hermanos.

Ser aguijón de todos los charcos.

Ser pueril, jugar a la resortera,

matar a las lechuzas de un “piedrazo”.

Hoy quiero dormir sin estos ojos en vilo.






Alebrije


Eres agua luz de ojos felinos
de escamas y plumas de ópalo.

Habitas en el mar índigo profundo,
el que ahoga y arde.

Reptas en la arena
o vuelas al ras del bamboleo de las olas.

Sólo en plenilunio
cuando escuchas los aúllos de los chacales,
en sigilo bates tus alas hacia la luna,
la besas con decoro
hasta caer en un suspiro






Contigo o sin ti


En este encino que rebasa cielo en el desierto,
se perfilan mis extremidades de oruga,
alas en cierne que volarán mañana horizontes, contigo o sin ti,
pero si no me palpas con tus ojos mariposas, quizá crea o no
en otras lenguas de salvia o de ponzoña.

Estoy en el mismísimo árbol.
En la misma estación de verano cuando te fuiste. Estoy.

Pero, si me palpas con tus ojos mariposas, quizá germine la luz
en un intento, abra mis ojos y sin dinteles perdure el agua.

Y no pregunto al viento ni a ti. Eres tú.
Danzo lo ves en nuestras ausencias. Y tienes, si tú quieres,
mi corazón hirviendo, mi pecho sangre, mi hombro fracturado, mi oído agudo.

Estoy aún tarambana de tus bálsamos
para sentir que estallo.

Son las tres y media del alba, leo poemas,
te encuentro acurrucado en ellos y entre mis sucios versos
que nunca te dije.

Y mira las ráfagas de miedo, se han muerto.
Sobrevives en la sangre, en la sed,
en esta guerra intravenosa que no tiembla.
Aunque me repita a duermevela que no estás,
que te fuiste para siempre.
Regresas quimera haciendo surcos.
Rompiendo mi oído te vas.

Todas las ráfagas de ira fenecen. Quiero palparte en el éxodo.
Reencontrarme en tus ojos olivos.

Te descubro como la única calle que prefiero recorrer.
como el mar de necias mareas.
como el desierto que florece en mi vulva cuando llueve.

Y cuando llueven mis ojos, mis ojos ciegos que en otras latitudes te han visto llorar estrellas, callo, aprieto mis labios. Te invoco con la luz escarlata en el pedestal que vuelves.






43


43 flores de amaranto,
43 raíces nuestras, hijos, hermanos…
43 cantos en la herida,
43 voces del génesis,
43 aves mutiladas.

Dónde está el llanto de la tierra,
el corazón hirviendo, la sangre viajera.
Dónde está el sol, la luz de sus cuencas, el agua.

Sólo arde la hoguera, el lodo se esparce,
proyectiles en las sienes,
las piedras tiradas escondiendo las manos.






Escribo. Ardo a destiempo.


Crecen mis ojos al saberte pira,
sin embargo se ha ido mi rabia en una brizna.
Destruyo mis voces en el abismo.
Aún eres aire que calcina en mí,
rocío de amapolas. Sudor.

Mi nombre se atora en tu garganta.
Soy barro, quimera, carne en tu lengua primitiva.
Tu botín.

Escribo por así decirlo, lunas y soles que matan los días y las noches
que descalabran las penas por así decirlo.

Hay un sinfín de cenizas de flores
y sangre de venados en mi cama
donde duermo las malas horas,
donde respiro fuego por mi lado oscuro
Hay una luz que me eriza y no se apaga
por mi lado claro por así decirlo.



Escribo.

viernes, 20 de mayo de 2016

CAMINO A CASA. Selección de poemas de Adrián Corona Ibarra






Adrián Corona Ibarra

(Apizaco, Tlaxcala. 1985) Radica en La Paz, B.C.S. desde su temprana infancia, es licenciado en lenguas modernas con orientación en docencia por la UABCS, ferviente lector (con énfasis en las obras de Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes), inicia su camino en la poesía de manera intensa en el Taller de la Serpiente. Brebajes taciturnos es su primer libro publicado.






Todo en desorden


En el frontispicio quedan despedidas

pasando la puerta hay lágrimas y besos que crujen las paredes

tus promesas anémicas en la cama.

Decías: la mentira sucumbe con los besos y que borrar labios es indeleble al tiempo

se te olvido que para disolver está el alcohol.

Devuelve ese afán de voltear a mi ventana creyendo volverás,

devuelve la patria potestad del estómago que se hace añicos al recordar.




Nicotina y ausencia


Nocturno murmuro tu ausencia al oído del viento

responde en la mañana con una frívola sonrisa,

no vendrás me dice entre los dedos.

Si yo no huelo tu perfume

que él pruebe el vaho amargo de una mañana ausente de ti

de nuevo este asequible vacío de letras tosigosas,

con un cigarrillo reniego al viento






Del espejo


Qué curioso

le escribo a tus alas,

a todo eso que hizo que llegaras de forma inesperada;

y como no soporto verte sin volar

sigo contando en el espejo las sombras a la nostalgia.



Efímera esperanza

Las mañanas dejaron de acicalarse en tu sonrisa

llegaron los guiños tuertos,

eras miel en el desierto

eras esa ola que despierta la mañana

-efímera locura-

Y fuiste ese cielo tranquilo hermoso

anunciaba una buena época.

Caer es volar

hoy vuelo y la brisa golpea sonriente mis mejillas

hoy que escribo para borrarte,

este perro feo olfatea los rastros que dejaste

y agita su pluma a tu memoria.






CAMINO A CASA


Camino encorvado sobre vahos de malicia

imágenes lánguidas, nada me detiene,

bardas altas humean barullos encerrados

rejas y más rejas,

las malls vomitan compradores y las carteras deudas.

Periódicos con faringitis, plazas mudas,

y huyo,

esquivo fotos de bodas en revistas de socialité,

anillos que envejecen en aparadores

jueces que firman más divorcios que matrimonios

indigentes que duran más en el suelo que cualquier lata de cerveza.

Se esfuma todo de los dedos, se esfuma el sueño

me he pasado de nuevo un semáforo en rojo,

arrojé la colilla, tiré mi bote, escupí al cielo

nadie lo ha notado

todos lo hemos hecho.


--Tankas--



El


Fuimos hoguera
de trémulos respiros,
la firme pluma
dibujaba tu forma
epígrafes tus senos



Danzan recuerdos
al filo de la cama
llena de bilis
en mi rostro velado
va tu sombra transeúnte




Ella


Vine de lejos
sin sombras en las faldas
sabanas secas
la piel guarda rumores
no rostros ni sonrisas






martes, 17 de mayo de 2016

LA VIDA ES TEATRO. Muestra poética de Katlin Arce.







Katlin Arce nació en Tepic, Nayarit, en 1987. A los 9 años llegó a vivir a La Paz B.C.S. donde estudió desde tercero de primaria hasta la preparatoria. A sus 18 años se mudó a Xalapa, Veracruz, donde estudió por 5 años la licenciatura en teatro en la Universidad Veracruzana, titulándose (con perfil en dramaturgia) en el año 2010. En esta ciudad, humeda y neblinosa, se presentó en el Teatro del estado con el musical "Dulce Caridad" bajo la dirección de Adrián Vázquez; al terminar la temporada del musical y finalizar sus estudios, tras una invitación de trabajo, viajó a la Ciudad de México en donde radicó por 2 años; ahí estuvo trabajando como bailarina y actriz en el Show de Mara Escalante. Desde hace 3 años radica de nuevo en La Paz B.C.S. en donde ha trabajado bajo la dirección de Calafia Piña, Federico Lozano, Gabriel Rodríguez y Mario Rey, con quien forma parte de la compañía familiar ArtEscena MkM A.C. 

Actualmente se presenta con el monólogo "Los camaleones" y el espectáculo infantil "Tita la muñequita, Gusy y Don Espuro, los cuenta-cuentos"; también es miembro de la Red Sudcaliforniana de Creadores Teatrales, con quienes ha participado en el 1er y 2do festival del Día Mundial de Teatro, y asiste al Taller de la serpiente, en donde ejercita su pasión desde siempre: la escritura. Como dramaturga ha escrito 2 obras de teatro y un monólogo, "Mi trágica noche Isabelina", el cual ha sido llevado a escena y se ha presentado en varias ciudades de la república mexicana.

CASCABEL # 14

CASCABEL # 14
NUEVA EPOCA, MUESTRA DE LA LITERATURA QUE SE ESTA ARMANDO EN HERMOSILLO, TORREON, TIJUANA Y EN LA BAJA SUR.

POETICARTEL #4

POETICARTEL #4
ILUSTRACION DE JULIETA SANCHEZ HIDALGO, TEXTO DE FEDRA RODARTE HIRALES ---PROYECTO URBANO DE DIFUSION DE LAS LETRAS Y LA GRAFICA SUDCALIFORNIANNAS, EN COORDINACION CON EL ISC Y LA DIRECCION DE CULTURA MUNICPAL

"CIUDADES IMPOSIBLES" obra grafica de Omar Murillo

"CIUDADES IMPOSIBLES" obra grafica de Omar Murillo
--de la serie "ciudades imposibles"

--de la serie "ciudades imposibles"

de la serie "ciudades imposibles"